jueves, diciembre 13, 2007

Influir en lo que otro hace o en lo que otro cree

Psicología del Lenguaje. Prof. José Miguel Rodríguez Santos. Departamento de Psicología Básica. Universidad de Málaga
tomado de:
campusvirtual.uma.es/psilenlog/_contenidos/TEMARIO/Tema%201/Tema1.doc
 
 

Aunque compartimos un altísimo porcentaje de material genético con algunas especies de primates no humanos, como gorilas y chimpancés, y en tiempo de desarrollo evolutivo hace 'sólo' 3,5 millones de años que pudimos tener un antepasado común, no encontramos en sus más sofisticadas formas de comunicación adulta algunos de los rudimentos, no ya del lenguaje, sino de las formas de comunicación más básicas y tempranas de las 'crías' humanas. Aunque algunos chimpancés y gorilas parecen utilizar algunos aspectos muy básicos de la comunicación, como establecer contactos oculares con su interlocutor (en situaciones interactivas con humanos), no se encuentra evidencia de que desarrollen actos comunicativos con función protodeclarativa (es decir, usar el acto de indicar o la mirada a los ojos no con la finalidad de conseguir un objeto- que sería una función protodeclarativa- sino con el propósito de influir en el estado mental del interlocutor. Así, si un avispado chimpancé nos señala un plátano que no puede conseguir con sus propios medios es razonable que interpretemos su comunicación como una demanda ('dame el plátano') y su acto se satisfaga con nuestra acción; parece, en cambio, poco plausible una interpretación alternativa que entienda su comunicación como una declaración ('el plátano está allí), porque la finalidad de su acto no se satisface con que 'compartamos' ese estado de información. Podemos afirmar entonces que "el chimpancé no va más allá de intentar influir en lo que el otro organismo hace; no trata de influir en lo que el otro organismo cree" (Karmiloff-Smith, 1994, p.156), porque ni las formas más complejas de interacción animal permiten transmitir actitudes proposicionales al carecer en su 'léxico' de las unidades que se refieren a estados mentales (términos de deseo, de creencia, de conocimiento), y esto no parece que sea cuestión de una combinación más compleja de las señales de los animales.